Blog de Antón

opiniones personales entre 2 ríos… turismo y más.

A la sombra de la Parra

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En Extremadura, esa gran desconocida, donde siempre es grato volver, se esconde un regalo a los sentidos.

De la mano de Darío, amigo y hotelero con mayúsculas donde los haya, La Parra se reinventa.

El convento de la Parra no es un alojamiento convencional, es…

La Parra.

—–

Tras el portalón silencio y blanco.

Silencio de piedras y arcos.

Silencio sobre barro.

Silencio de sonidos de agua.

Silencio conventual.

Místico.

Fuentes y claustros. Sombras de naranjos y azahar.

Suelos de barro espigado.

Reposo espiritual. Sosegado. Liviano.

El tiempo no pasa… ni se detiene.

El tiempo es vida,  sensaciones que afloran a cada paso.

Puertas que te vuelven humilde.

Sombras, telas, paredes que te devuelven a lujos olvidados.

El lujo del silencio interior.

Del lujo de encontrarse con uno mismo…

…con los demás.

Lujos en formato de llamas encendidas, chimeneas, minimalismo decorativo, blancos impolutos, descansos sosegados o rincones donde dejarse estar.

Nada rompe el momento.

Solo deseas no salir…

un libro… cerrar los ojos… escuchar…

velar para que el fuego no se apague…

hablar….

disfrutar cada momento.

El concepto del acogimiento.

La charla pausada.

La sonrisa natural y nunca forzada.

Fue encontrar el espíritu que nosotros buscamos,

lo mismo que nosotros intentamos dar.

Sentir tú lo que deseas  transmitir…

Que grato.

Telas de tacto armonioso.

Amarillos de campo y cereal.

Detalles simples y sinceros.

Ocres que transmiten sencillez

luces tenues,

filtradas para no desvelarte.

Remanso de paz tras un torno.

Rejas,

que insinuan lujos escondidos.

Más blancos… turquesas….

placeres estivales…

…a la sombra de  un campanario.

A sus pies, pasadizos,

capillas y claustros,

celdas y  pozos,

fuentes o cruces,

púlpitos…

Destellos  suaves y apapelados en el refectorio.

Andares pausados de siglos atrás,

la desnudez del alma.

Entender la contemplación.

—–

Más de tres siglos de historia, esperan por el viajero.

En medio de Tierra de Barros, tierra rojiza y decorada de encinares, la espadaña de su capilla te guía.

A la Parra no se va, se quiere ir.

Ir a vivir y sentir. Desnudarse a la magia y encanto de unos muros del S. XVII.

Volver a encontrarse con uno mismo, entre lujos que muchos no entenderían…

Recuerdos de la niñez azuzando el fuego, charlas sinceras en una blanca biblioteca, sentir que tu cuerpo no desea salir, percibir que el tiempo no existe…

El Convento de La Parra aparte de diferente y único, es un “balneario para mente y espiritu”…


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